Carrito
La cesta está solita :(
Hace algún tiempo leí un interesante reportaje publicado en la revista Yo Dona (El Mundo), sobre las nuevas tendencias en fotoprotección solar. Las reflexiones de los expertos que aparecían en él, me llamaron la atención y ya pensando en el verano, me parecía oportuno rescatarlo y compartirlo con todos vosotros.

Fijaos, el sol, aunque tiene efectos muy beneficiosos para la salud (ayuda al organismo a producir vitamina D, que es esencial para una correcta absorción y fijación del calcio a los huesos), también tiene su lado menos bueno porque puede dañar la piel y acelerar el envejecimiento cutáneo. Es el caballo de batalla diario, sobre todo para las personas que nos preocupamos por tener una piel sana y con una apariencia y textura agradables.
En el reportaje del que os hablaba, Sheldon Pinnel, químico, dermatólogo, profesor de la Universidad americana de Duke y cerebro de la marca cosmética SkinCeuticals a la que tanto hacemos referencia, explicaba cómo llegó a la conclusión de que los antioxidantes podrían ser un excelente complemento de la acción que ejercen los fotoprotectores solares.
En una ocasión se le ocurrió que la vitamina C podría dar buenos resultados para curar las heridas y se lanzó a realizar experimentos para intentar probar su teoría. El resultado fue más bien decepcionante. «Me di cuenta de que Dios ha hecho que la cicatrización natural sea muy satisfactoria; resulta difícil mejorarla», explicaba en el reportaje de Yo Dona.
Sin embargo, el profesor se topó con un hallazgo inesperado: si bien la vitamina C no introduce ningún avance sustancial a la hora de regenerar las heridas, sí mejora los mecanismos de defensa de la piel frente al sol. Entonces, ¿por qué neutralizar los rayos ultravioleta únicamente con las cremas protectoras que usamos habitualmente en la playa? Y aquí es donde llegamos al mensaje clave de Pinnell: «Los antioxidantes [como la citada vitamina] aumentan la protección que el propio cuerpo utiliza para defenderse de los ataques solares y, además, incrementan su capacidad de autorepararse. Por eso deberíamos incorporarlos a nuestra rutina diaria de cuidados».
Con esto, el experto no quiere decir que los antioxidantes vayan a sustituir a los fotoprotectores, sino que están llamados a complementarlos: los primeros servirán para bloquear los rayos en nuestro día a día, mientras que los segundos seguirán siendo imprescindibles en las exposiciones extremas, como una jornada a orillas del mar o un día esquiando.
Esta es una opinión compartida por muchos profesionales, ya que el campo de la fotoprotección está en constante evolución. Si echamos la vista atrás, podemos comprobar cómo las recomendaciones de hace unos años, se han enriquecido y modificado con el paso del tiempo.
Durante años los fotoprotectores tenían índices bajos, en parte porque los usuarios no querían renunciar al bronceado, y tenían como principal finalidad evitar el eritema. Sin embargo, todo eso cambió cuando empezó a relacionarse la exposición al sol con un mayor riesgo de melanoma, lo que supuso la progresiva utilización de fotoprotectores con índices más altos, que además de proteger de los rayos UVB (causantes del eritema y con alta capacidad de producir cáncer de piel), también lo hicieran ante los UVA, menos nocivos, pero también dañinos al favorecer el envejecimiento de la piel e influir en la formación de tumores.
Por eso digo lo de que antes de bajar a la playa, fotoprotector, y para ir a la oficina, antioxidantes. Porque con la aplicación cotidiana de antioxidantes y la específica de fotoprotectores en jornadas de exposición al sol, conseguiremos mantener nuestra piel a salvo.

¿Qué antioxidantes puedes utilizar de forma cotidiana? Pinnel recomienda vitamina C, E, ácido ferúlico y floretina. Dice que ha probado «cientos de antioxidantes y, aunque hay otros que son muy buenos, sólo esos cuatro penetran realmente en la piel». Pues bien, hay que elegir una de esas sustancias y aplicarse todos los días seis gotas en el rostro.
Para la cara:

Para el cuerpo:
Y para después del sol: